RECETAS DE YESI
El caldo de pollo más reconfortante y nutritivo: hecho desde cero con verduras frescas y hierbas aromáticas. Ideal para frío, gripe o simplemente para entrar en calor.
Lava bien el pollo bajo agua fría. Coloca en una olla grande con los 3 litros de agua fría. Es importante empezar con agua fría para que el caldo quede más claro y sabroso.
Lleva a ebullición a fuego alto. Cuando empiece a hervir, retira la espuma gris que sube a la superficie con una cuchara. Este paso es clave para un caldo limpio.
Agrega las zanahorias, apio, cebolla, ajo, jitomates, laurel y pimienta en grano. Reduce el fuego a medio-bajo.
Añade el cilantro y perejil atados con un hilo de cocina para fácil retiro. Sazona con sal. Cocina a fuego bajo 1 hora con la olla semitapada.
Retira el pollo con cuidado. Cuando esté tibio, desmenuza la carne y desecha los huesos. Cuela el caldo para obtener un líquido limpio y transparente.
Regresa el caldo colado a la olla. Agrega la carne desmenuzada. Ajusta la sal. Sirve caliente con limón, chile y tortillas o pan.
El caldo de pollo es, sin duda, una de las recetas más antiguas y universales de la humanidad. En prácticamente todas las culturas del mundo existe alguna versión de este reconfortante líquido dorado: desde el pho vietnamita hasta el consommé francés, pasando por la sopa de pollo judía que los abuelos llaman "penicilina judaicá" por sus propiedades curativas.
En México y toda Latinoamérica, el caldo de pollo es mucho más que una receta: es un abrazo en forma de sopa. Es lo que la mamá prepara cuando alguien está enfermo, lo que la abuela tiene siempre listo en la estufa, lo que aparece en la mesa familiar los domingos fríos.
La ciencia respalda lo que las abuelas sabían intuitivamente: el caldo de pollo contiene aminoácidos como la glicina y la prolina que tienen propiedades antiinflamatorias, el vapor ayuda a descongestionar las vías respiratorias, y el calor del líquido hidrata y reconforta el cuerpo.
El secreto de un buen caldo está en la paciencia y en empezar con agua fría. Cuando el pollo se calienta gradualmente, las proteínas y el colágeno de los huesos se disuelven lentamente en el líquido, creándole esa textura sedosa y ese sabor profundo que no se puede lograr con cubitos.
Esta receta fue probada y perfeccionada por nuestro equipo. Para mejores resultados, sigue los pasos en orden y usa ingredientes frescos. ¡Comparte tu resultado en Instagram con #RecetasDeYesi!
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